Ja-Z-mín
No le guardo rencor a mi hermana, corazón mío. Estoy acostumbrada a cuidar de ella: por deber, por apego, por inercia, por contagio. Juntas toda la vida. Juntas toda la muerte. La peino un poquito, le pongo cuatro gotitas de perfume en el cuello, otras dos para mí y repito con ella. Su cuerpo dejó de pedir tierra y vibra en una frecuencia desconocida, mientras que el mío aún anda lampando, buscando la sintonía. Luego la alcanzo.
Al desgaste de mis células les queda hasta la noche y mientras siga apreciando la luz del guardabrisas con este latido que se apaga, haremos lo que siempre hicimos. Suave, con mimo. Me hago cargo de que ninguna de las dos partirá hasta la casa del Padre y si estos cuerpos viejos han de formar parte de la piedad popular, lo harán a nuestra manera. Carpe diem.
Dejo la casa barrida, ventilada y nuestra cama hecha para que quede estiradita después del sueño alterado. Arremeto muy bien las sábanas por los lados, centro la colcha, cubro la almohada y corono con dos cojines. De categoría. Le enseño a Rosa nuestra muñeca de trapo para que le dé un besito antes de colocarla entre ellos, llena de babas. La compartimos durante la infancia: tiene los ojos recosidos, el pelo deshilachado y las extremidades rellenas de algodón. ¿Quién abrirá nuestros sobacos y nos pondrá derechas en esta levantá del devenir de la no vida? El muñidor hizo sonar la doble campanilla.
Cada vez más cojas, aunque no duelan los juanetes, caminamos hasta el gimnasio para el entrenamiento de fuerza. Echándole genio al retraso de la sarcopenia, hoy como nunca antes, en esta víspera del porvenir que nos sobrevino y veo en Rosa; en su silencio, roto a ratillos por un clamor casi animal que rebosa la ausencia de espíritu y el crujir, como de madera o hueso.
Enhebradas, a llamaditas muy cortas, que ya estamos en la puerta. Entramos, ejercitamos y no sudamos en este pudridero de chorros de esperma de polen de huevos, que diría Fernando. Arrastrando los pies sin hacer ruido, añadiendo dos amigas para la cuaternia en el saciar del nuevo apetito de Rosa y el despertar del mío. Aire para mis penas. Memento mori.
Bajamos la calle de la Gloria sin prisa alguna, en andas. Derecha alante. Pellizco los carrillos de mi hermana para remediar la pérdida de policromía, sin embargo la sangre coagulada no tiñe desde dentro. Izquierda atrás. La faz sigue apagada y los ojos miran empañados el sol azafranado que tenemos de cabeza, solemne y portentoso, templando solo mi rostro; cierro los ojos y atesoro su calor lo que me dure el recuerdo. Nos tendrán que bruñir para devolvernos la luz bajo el cielo orlado de nubes.
Somos dos bolsas de basura perfumadas en la algarabía de una existencia que pasó a ser manso ruido y luego cuarteto de viento. Nos mecemos por las calles, despacito, siempre ganándole de frente. Muy noble, muy leal, muy heroica e invicta esta existencia. Unidas en hermandad y en lo que esté por venir.
Entramos al banco sin cita, echándole casta. Sacamos las pensiones de las cartillas en billetes pequeños. Nosotras ya no las necesitamos en esta senectud que, como una filigrana tartésica, es también nacimiento. Las que entran por las que salen, pero siempre repartiendo; les daremos los dineros de nuestro trabajo solo a los que quieran gastarlos en cerveza y en drogas. Tú tranquila, Rosa, reina mía: en esta abnegación impuesta no nos faltará de nada. Vanitas vanitatum.
De Dolorosas sin lágrimas, con el llanto llorado, a Esperanzas llenas de gozo y consuelo. Así nos siento en este no sentir cada vez más cercano. Sin angustia en el pecho, sin latido y sin tumba, acompañadas de coro y escolanía, avanzando poco a poco, pendientes de lo que se manda.
Que el último suspiro lo dé junto a ti, Rosa. En el sofá, arropadas en esta noche sin frío, por la manta y por el cariño que me queda en estas ascuas. Escojo bien la película que veré con la emoción consciente, antes de cruzar del todo el umbral para unirme a ti donde me esperas. Una que me haga sentir mucho, que me lo haga sentir todo en este día lleno de últimas veces, pero no de finales. Repito nuestra rutina durante la noche del alma, para que su eco resuene en la aurora del no humano. Que nuestra identidad permanezca en las acciones a las que nos lleven nuestros impulsos.
Intento recordar mi nombre, pero solo me acuerdo del tuyo, Rosa, hermana mía. Y aun así no siento miedo en los prolegómenos de esta no muerte. No siento. Es el son que debo mantener, siempre elegante en la marcha.
Ni ánimas ni benditas. No habrá nimbos cruciformes para nosotras cuando nos representen. Ya no arderemos en las llamas del purgatorio porque no hay penitencia ni pecados que expiar. Serán para siempre nuestros: el infierno somos nosotras.
Cosillas
👃🏻
Mi querida Celia Martín pensó que si fuera un perfume olería a esta maravilla (y acertó).
🧟♂️
Lo pesadísimos que pueden llegar a ser algunos hermanos incluso en los peores momentos.
☔️
Bajo la lluvia pasan muchas cosas y Mansilla las describió de la mejor manera.
📼
Aquello que se teme y aquello que se aguarda, están en la calle.
🎧
Mmm-mmm-mmm oh-oh-ohhh-oh-ohhh.
❤️ Abracito, Nazaret.



quiero ser la nariz detrás de esta magia! 🤭
No entendí nada.