Multiplano mal
Últimamente aparezco por aquí una vez al mes y no porque no escriba: escribo mucho, muchísimo, todos los días, pero para que termine impreso en papel. Bien bonito y maravillosamente editado.
Retomo esta carta que empecé hace unos meses, sobre un tema que me obsesiona y no sabría muy bien cómo resumir. Para eso voy a retroceder unos quince años atrás, a cuando me convencieron de que veía un poco mal porque estaba bizca. Fue en una de esas pruebitas de un reconocimiento médico laboral y durante años creí que uno de los ojos se me metía, cuando jamás se me ha metido ningún ojo. Les decía a mis amigos: «Mirad, se me mete este ojo», y ellos me respondían: «Nazaret, no se te mete nada, por dios, basta». «Vale, entonces igual es el otro ojo», insistía yo.
Estaba convencida de que si el rojo vibraba tanto sobre el verde y el verde sobre el rojo, era por aquello que me dijo la señora del reconocimiento médico mil años atrás. En ningún momento se me ocurrió pensar en la aberración cromática de dos colores opuestos, con longitudes de onda tan distintas, que obligaban al cerebro a reajustarse constantemente cada vez que se los encontraba.
Cuando estuve en Londres, di tantos paseos como tiempo tuve y uno de ellos fue en dirección a las ruinas de la iglesia jardín St Dunstan-in-the-East. Llevaba años en mi lista de Cosas que ver antes de morirme y cuando mi amiga Marina del Olmo me dijo que allí vivían muchas ardillas, pasó al número dos de mis prioridades.
En una calle cercana sentí que algo no iba bien con lo que estaba viendo. Me detuve a hacer fotos con el móvil, con la cámara digital y con la analógica. Una de esas fotos es la que veis justo arriba.
Para mí no existía la sensación de perspectiva. Parecía que todos los edificios estuvieran pegados entre sí. Los ocho. Caminé hacia delante y hacia atrás, como quien busca el delfín en un estereograma, sin tener yo un ojo mágico. Todo tenía la misma intensidad de luz y no apreciaba ningún desenfoque en la distancia, que me ayudase a entenderlo.
En primer plano hay un edificio cortado en dos junto a un árbol. Detrás están St. George’s Indian Orthodox Church y St. Margaret Pattens Eastcheap, que entiendo que comparten edificio. En realidad, los edificios pertenecen a tres calles distintas: Eastcheap, Feanchurch y Leadenhall. En mi cabeza eran una pegatina colocada sobre un cielo azul, tan difíciles de interpretar como las personas con ojos muy oscuros cuyas pupilas no se distinguen del iris. Esos ojos le dicen a tu cerebro que desconfíe, porque se parecen demasiado a los insectos y a la representación del marciano arquetípico de Communion. La cuestión era si eso solo lo estaba percibiendo yo, porque hay personas que consideran que esta foto es ASMR, y solo puedo pensar que cómo va a relajarte una imagen que parece que se te va a caer encima.
El multiplano fue uno de los mayores avances de Disney en las técnicas de animación tradicional. La cámara multiplano más conocida fue la inventada por el ingeniero Guillermo Garity y se usó por primera vez en Blancanieves (1937), aunque la directora alemana Lotte Reiniger ya trabajó un proto multiplano con sus siluetas de cartón y plomo en Die Abenteuer Des Prinzen Achmed (1926).
Gracias a esta técnica se logró el efecto de tridimensionalidad y ahora podías ser un animalillo del bosque mirando llorar a Blancanieves.
Para que exista esa sensación de tridimensionalidad necesitamos la perspectiva, y una de las primeras cosas que aprendimos en Arte fue que, para observar bien algo, hay que alejarse.
Cada vez tengo más la sensación de que no encontramos las cosas aunque las tengamos delante, porque están ocurriendo en el presente. Somos incapaces de ver qué sucede hasta que hemos cambiado de entorno, colgado el teléfono o cerrado los ojos hasta el día siguiente. «¿Qué acaba de pasar?». A veces lo que sucedió ocurrió hace cuatro años y vuelve ahora en el presente, ya en multiplano.
Ahora mismo vemos todos los edificios empastados, con la misma intensidad de luz, sin ser muy conscientes del lugar que ocupa cada uno. Pero cuando tomemos un poco de distancia, el cerebro entenderá esa perspectiva con claridad y sabrá lo que está pasando. Sólo entonces nos tocará decidir si luchamos o huimos.
Cosillas
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Communion (1989) ya merece la pena solo por ver a Christopher Walken bailando con aliens.
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Recopilatorio de setenta años de multiplanos realizados en películas de Disney.
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Preciosa muñeca alienígena que nunca sabrás lo que está pensando.
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El punto desde el que hice la foto en street view, por si queréis entreteneros.
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Flatland es un proyecto de Aydin Buyuktas que produce pesadillas.
❤️ Abrazo gordo, Nazaret.






Qué bonito es leerte siempre
animación: 10
texto: 10
foto: 10
autora: 100000000000 (se podría decir también que la mejor de españa)
qué bien que hayas vueltoooo por fin un soplito de aire fresco